
La tarde y noche del sábado, La Paz cambió su ritmo cotidiano por el pulso alegre de la diversidad. Desde la fuente del Prado, un torrente multicolor se desplegó por el corazón de la ciudad, marcando el inicio del Desfile del Orgullo LGBTI+, la marcha más grande, vibrante y tolerante del país.
La música de Alaska y Dinarama, Queen y los Village People abría paso entre los edificios, mientras una saya afro lideraba el recorrido con tambores que sacudían el asfalto como latidos de una ciudad que marcha al ritmo del respeto.

El alcalde Iván Arias encabezó la caminata junto a integrantes del Consejo Ciudadano de las Diversidades, embajadores de países como Alemania y Suecia, representantes de la Unión Europea y organismos de cooperación internacional.
Detrás, una marea de cuerpos, colores, banderas y consignas inundó la avenida Camacho, ondeando con orgullo la bandera arcoíris, ese símbolo nacido en 1978 de la mano de Gilbert Baker, que hoy flamea como emblema de una lucha que no se detiene.

Discoteca Queen, Fundación Igualdad, Bolivia Family, FA-ME-LI (Familiares de Mentes Libres), Asexuales Bolivia, Café Cultural Besoglio, Colectivo Wiñay Wara, Todes… uno a uno, los colectivos avanzaban. Cada paso era una declaración de existencia. Algunos con carteles, otros con zancos, brillos o besos, pero todos con la misma consigna: vivir sin miedo, amar sin culpa.
Las aceras también eran parte del desfile. Familias enteras aplaudían. Padres tomaban fotos a sus hijos mientras les explicaban los colores. Parejas se abrazaban. La ciudad, tantas veces dividida, se convertía por unas horas en un solo cuerpo que celebraba su derecho a ser distinto.

El alcalde, al llegar al palco instalado en la calle Camacho, compartió su emoción: “Esto es lo más lindo que he visto. Tolerancia en los comercios, tolerancia en la calle, un amor y un encuentro. Esta es la marcha más grande de Bolivia y la más respetuosa. Gracias, paceños, porque esto es un grito de respeto, de diversidad, de que sí se puede vivir en paz”.

Más allá de lo político, lo institucional o lo simbólico, la jornada se transformó en un acto profundo de reencuentro. “Muchas familias que antes no podían salir con sus hijos diversos hoy los acompañan. Eso es amor”, dijo Arias, aludiendo al poder de una marcha que más que desfile, fue acto de resiliencia.
Pero no todo fue júbilo. En contraste con la armonía del desfile, el alcalde también lamentó los recientes actos vandálicos cometidos contra monumentos históricos de la ciudad, como el de Antonio José de Sucre y el letrero de las diversidades en la calle Camacho. “Nos han echado alquitrán, barro… pero mil veces nos ofenderán y un millón de veces nos vamos a recuperar. Vamos a seguir defendiendo la diversidad”, afirmó con firmeza./Amun












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