
El 13 de noviembre se cumplen 86 años de la muerte de Santos Marka T’ula. La historia de Bolivia refleja como un espejo la tarea que tuvo en la defensa de los territorios indígenas, un trajín incansable, pero que, en el relato desde su descendencia, hay una mirada del padre, abuelo y esposo. Es el caso del testimonio de Ercilia Barco, bisnieta del líder indígena.
Una testigo viviente es la mujer descendiente del histórico cacique de La Paz, llega a la entrevista con el atuendo de autoridad, su chicote y poncho. Ercilia se entusiasma cada vez que cuenta detalles de la historia familiar. En su entorno, sus padres le decían que es la única hija de siete hermanos que tiene el interés de rescatar la historia de su bisabuelo.
En la entrevista, Ercilia comienza con una descripción de Santos Marka T’ula. Se trata de la memoria de un líder indígena de grande e invaluable aporte en la República, tuvo un espíritu de lucha a costa de su familia. Fue el apoderado de varios territorios indígena y defendió con documentos las propiedades de las comunidades, frente a los patrones.
Fue un líder que tenía entre sus principales demandas la reivindicación de sus tierras de origen, derechos a la educación, eliminación de la contribución territorial, prestación vial gratuita y contra el sistema de explotación llamado pongueaje.
“Era un líder analfabeto, no sabía leer ni escribir, él es precursor de la lucha por el acceso a la educación”, destaca la joven dirigente de 45 años, que tuvo que despojarse de su apellido por la constante persecución que vivieron sus bisabuelos.

Santos Marka nació alrededor de 1879, en la comunidad originaria de Ilata, Urinsaya, perteneciente al corregimiento de Qhurawara de Paqasa (hoy provincia Gualberto Villarroel). Tuvo la dicha de encontrar en su esposa, Manuela Huarachi, una compañera de lucha social, ya que mientras él se desaparecía o era encarcelado; ella, con awayu en la espalda, cargaba todos los documentos con recelo, debía llevar y traer encomiendas, realizaba grandes recorridos a pie para visitar las cárceles de La Paz; en busca de su esposo.
“Tanto mi bisabuelo Santos como mi bisabuela Manuela tenían ese liderazgo y esa inquietud de luchar por las comunidades, ellos no tuvieron educación, pero sabían cuán importante era alcanzar este derecho, ellos representaban el chacha-warmi, la complementariedad hombre-mujer”, afirma Ercilia Barco, a tiempo de comentar que Santos llegó a pie hasta Argentina, Perú y Chile para sustentar su lucha legal por la recuperación de tierras, llevando en su espalda documentos en un mandil blanco; mientras que su bisabuela se conocía la ruta San Pedro de Curahuara-Nuestra Señora de La Paz.
El vínculo familiar del histórico personaje fue complicado para la descendencia, ya que sus abuelos le decían que prácticamente vivían huérfanos, debido a que su padre, Santos Marka T’ula, viajaba mucho y se perdía varios meses, “solo a hacer wawa nomás regresaba”, comenta Ercilia.
En 1874, cuando el Gobierno de Tomás Frías puso en marcha la Ley de Exvinculación, que sancionaba la sustitución de la propiedad colectiva del ayllu por la propiedad individual, se intentó someter a los pueblos originarios, pero Santos se propuso: “con su misma ley vamos a luchar”, es de esta manera que emprendió la lucha por el acceso a la educación, como principal arma para librarse del sometimiento del patrón.
“Él, en cada audiencia que tenía, (en su casa, principal centro de operación), iba planificando donde sería la escuela de formación, la escuela indígena de Warisata, fue un proceso muy importante y fue ideado por mi bisabuelo”, argumenta Ercilia.
La bisnieta estudia la carrera de Sociología, por el interés que tiene por dar a conocer el legado de su bisabuelo. Comenta que incluso los mismos comunarios le cuestionaron su apellido Barco y por qué no lleva el de sus bisabuelos. Ella argumenta que esa herencia de identidad conlleva años de persecución y maltrato, ya que, por sus ideales, hicieron caminar descalzo grandes distancias a Santos, desde su lugar de origen hasta la ciudad de La Paz, e incluso intentaron matarlo en varias ocasiones.
Durante la Guerra del Chaco, en una de sus tantas caminatas, acompañado de su hijo menor, Andrés Marka T´ula, de 24 años, sintió dolores. Le aconsejaron una revisión médica y “salió del hospital muerto, sin su corazón”, y hasta el momento se desconoce el paradero de su cuerpo, “mi papá nos cuenta que ha llegado a la casa y le ha dicho a mi bisabuela, ‘el tata ha muerto´, solo sabemos que fue enterrado en el Cementerio General, no conocimos ni su nicho”, dice Ercilia.
Tras la muerte del tata, como llamaban a Santos, a la familia no le quedó más que rendir homenaje en su lugar de origen con ofrendas florales, donde salen a relucir las más bellas historias que describen al líder indígena como un hombre fiel a sus ideales que ni a la muerte temía, pues en los varios intentos de eliminarlo, “él salía victorioso de entre el fuego”.

Posteriormente, explica la bisnieta, se quiso terminar con la generación y apellido de Santos, porque pensaron que heredaría los ideales y el espíritu de lucha del cacique, “‘a mí me han prohibido estudiar’, decía mi papá, cuando mi bisabuela Manuela Huarachi estaba embarazada, los patrones dijeron que no debería nacer el hijo de Santos, porque puede ser igual que el padre; por eso mi papá ha nacido en el camino, durante las caminatas de mi bisabuela”, añade Ercilia.
Se intentó recuperar el apellido Marka en 2023, pero a diferencia de Santos y sus hijos, los nietos y bisnietos lograron alcanzar la educación, cuentan ya con diferentes títulos académicos, por lo que se determinó continuar con el apellido Barco y resguardar en silencio el legado histórico de su bisabuelo; “nosotros respetamos y valoramos la persecución que ha vivido Santos Marka”, afirma la entrevistada.
Este momento dramático afectó a las generaciones siguientes a Santos Marka, ya que había persecución a la descendencia, “por eso nos hemos cambiado de apellido”, precisa la mujer entrevistada, que es autoridad del municipio de San Pedro de Curahuara.
Las actuales generaciones tienen un laborioso trabajo, que es perdurar el nombre de líder indígena Un avance de reivindicación es el nombre de la organización campesina Tupac Katari del lugar, que lleva el nombre de Santos Marka T´ula. También en la plaza principal del municipio de San Pedro de Curahuara está el monumento, junto a su esposa Manuela Huarachi.
Por otro lado, el Instituto Tecnológico del municipio origen de Ercilia lleva el nombre de su bisabuelo y ella anhela que el municipio se llame Santos Marka T’ula, y que se considere en la malla curricular escolar, junto a la de Tupac Katari y Bartolina Sisa.











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