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Millones de personas en las calles, encuesta casi empatada y noche de fiestas antes de la gran decisión de Brasil

* A los mítines en Río de Janeiro se sumaron nutridas manifestaciones en São Paulo y Belo Horizonte.

Ambiente previo a las elecciones en las principales ciudades de Brasil.

Brasil se sumergió en una gigantesca fiesta en las horas previas a la dramática elección presidencial de este domingo, presumiblemente la más ajustada desde la restauración democrática en 1985.

«El pueblo asumió la responsabilidad de hacer campaña», gritó en un masivo acto en Río de Janeiro el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca ser jefe de Estado por cuarta vez para gobernar de los 81 a los 85 años.

En un masivo acto también en Río de Janeiro , el candidato de la derecha, Flavio Bolsonaro, recitó un Padre Nuestro en el que el «líbranos del mal» fue sustituido por un «líbranos del PT», el izquierdista Partido de los Trabajadores de Lula.

A los mítines en Río de Janeiro se sumaron nutridas manifestaciones en São Paulo y Belo Horizonte, las otras dos grandes ciudades de la novena economía del planeta.

El día transcurrió en el nordeste, una de las dos regiones más pobres del país, con la llegada de autobuses desde distintos puntos del país: ocho millones de nordestinos no votaron en la primera vuelta, y el PT, fuerte en la región, confía en reducir esa abstención trasladando a votantes desde diferentes puntos del quinto país más grande del Mundo.

La última encuesta, conocida este sábado, marca un 51-49 por ciento a favor de Bolsonaro, que ganó hace tres semanas la primera vuelta por 47-45.

La encuesta de Datafolha fue elaborada con entrevistas entre el viernes y este mismo sábado, y marca una levísima diferencia respecto de la conocida el jueves, con un empate de 50-50.

Nunca en la historia de la actual era democrática brasileña un candidato derrotado en la primera vuelta se recuperó para ganar la segunda. Lula confía en la «virada» (remontada), pero aunque la diferencia entre ambos candidatos se ha evidentemente reducido, la derecha cree que hay un voto oculto que no detectan las encuestas.

A diferencia de lo que sucede en España y otros países, en Brasil no existe la jornada de reflexión: en esta noche de sábado, el país se lanzó a fiestas en hogares, salones, clubes y playas para celebrar antes de una elección que podría implicar el casi total giro a la derecha de América Latina./ElMundo