* Un gol de Eustaquio en el 92′ derriba el muro de Sudáfrica y mete a los anfitriones en octavos.

La ley del anfitrión se apoderó de Los Ángeles para regalar a Canadá una cita con la historia. Tuvo que esperar al minuto 92 de partido para resolver una eliminatoria fea, cerrada y sufrida. De esas que te otorgan la mayoría de edad en los Mundiales. El torneo donde uno puede reclamar sentarse a comer en la mesa de los mayores.
Lo hizo Canadá, sin grandes alardes pero con la constancia y tenacidad que requieren estos escenarios. Sudáfrica fue más de lo que se esperaba, pero tampoco tanto. Inquietó por momentos, ofreció resistencia pero evidenció las carencias que le acompañaron durante la primera fase. Su presencia en dieciseisavos era un regalo de temporada. Aunque el adiós resultó lo suficientemente digno como para no tener que rendirle cuentas.

No fue, desde luego, un partido que quedará para el recuerdo en los Mundiales. A Canadá le faltó decisión. A los sudafricanos, continuidad. Los anfitriones sufrieron el miedo escénico y se olvidaron de la verticalidad y el atrevimiento que ofrecieron, por momentos, en la fase de grupos. Pareció tener más claro el combinado africano su plan de juego, pero tampoco fue un dechado de virtudes.
En medio de esa intrascendencia, el balón parado pareció la mejor opción para desequilibrar el choque. Y ahí tuvo Canadá la más clara del primer acto. En un cabezazo de Bombito que sacó Modiba tuvo el gol Canadá en sus manos. Williams redobló esfuerzos porque en el rechace Buchanan también encontró el remate. Una doble ocasión que resumía la impotencia de los anfitriones. Jugar en Los Ángeles quizá le restó empuje, pero lo cierto es que no fue el equipo reconocible de la primera fase.

El paso por vestuarios no modificó el plan de ambos. Sudáfrica transitó por el SoFi Stadium a fogonazos mientras Canadá aguardaba un balón al espacio que resolviese la eliminatoria. Y tuvo su momento cuando Oluwaseyi se plantó en el mano a mano con Williams. Ganó el duelo y Mbokazi acompañó con una de las acciones defensivas del Mundial. Canadá, con una buena gestión de cambios desde el banquillo, iba a más.

Y en esa inercia de mejora encontró el momento de gloria. Tuvo que esperar al añadido. A que el balón le llegase a uno de sus jugadores con mayor templanza, más pausa para apartar la presión y confiar en el gesto técnico. Una volea precisa De Eustaquio, ajustada y con la contundencia suficiente como para convertir la estirada de Williams en un mero ‘atrezzo’ de la foto más recordada en la historia de Canadá.

Gol de Eustaquio
Los octavos esperan a los de Marsch. Sin nada que perder, con el subidón de haber superado una eliminatoria a cara de perro y con el favoritismo a sus espaldas. Canadá ya forma parte de la élite de selecciones./Marca/Fotos: RRSS












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