Denuncias contra candidato tensan la situación en segunda vuelta en Perú, que elige a su noveno presidente en una década.

* La segunda vuelta se prevé apretada entre la derechista Keiko Fujimori, hija de un autócrata, y el izquierdista Roberto Sánchez, aliado de un expresidente tras las rejas.

Roberto Sánchez (izq.) y Keiko Fujimori (lado derecho) saludan antes de un debate de cara a la segunda vuelta presidencial en Perú.

Perú tendrá este domingo su balotaje más reciente, en la que millones de personas están convocadas para elegir a quien sería el noveno presidente en una década.

Después de más de un mes para el conteo de votos, entre denuncias de tardanzas para ver cuáles dos de más de 30 candidatos avanzaban a la segunda vuelta, los peruanos tuvieron tres semanas para deliberar entre los postulados al balotaje.

La elección es entre Roberto Sánchez, congresista de izquierda por el partido Juntos por el Perú, y Keiko Fujimori, legisladora por el derechista Fuerza Popular y quien se postula por cuarta vez seguida.

Las últimas encuestas indican que hay un empate técnico entre los dos candidatos, ninguno de los cuales sumó más del 20% del apoyo popular en la primera vuelta. Cada uno arrastra además sus propias controversias.

Una de ellas surgió apenas la noche del viernes, a horas del balotaje: Sánchez fue acusado penalmente por la Fiscalía de haber hecho presuntas declaraciones falsas hace seis años, cargos que el candidato niega pero que pudieran llevar a un posible juicio.

Además, Sánchez ha sido cuestionado por defender al expresidente Pedro Castillo, que fue destituido en 2022 y actualmente está encarcelado por haber intentado disolver el Congreso.

Junto con Castillo, prácticamente todos los exmandatarios peruanos de las últimas dos décadas han enfrentado investigaciones de presunta corrupción o procesos de destitución desde el poder legislativo.

En tanto que Fujimori ha estado rodeada de polémicas desde hace muchos años.

Entre ellas, haber pasado 17 meses en prisión (sin que hubiera un juicio de por medio) por acusaciones de que presuntamente no declaró apropiadamente donaciones a su campaña, pese a que cuando primero fue encarcelada en 2018 eso no era considerado delito.

Fujimori también ha enfrentado acusaciones del sector político de izquierda en Perú de que intentó revertir el resultado popular en las elecciones de 2021.

Durante la década de 1990 también fungió como primera dama no oficial, cuando su padre, Alberto Fujimori, era mandatario y ordenó desmantelar al Congreso para gobernar de manera autócrata. Tras su salida del poder, Fujimori padre fue enjuiciado y sentenciado por violaciones a los derechos humanos y abusos de lesa humanidad; Keiko Fujimori siempre lo defendió.

Fujimori terminó siendo indultado en 2017. El presidente que lo indultó, Pedro Pablo Kuczynski, es otro de los líderes del país tras las rejas ante acusaciones de presuntamente aceptar sobornos.

En tal contexto de volatilidad política en Perú, Sánchez alertó esta semana de la historia pudiera repetirse indistinto de quién resulte ganador del balotaje.

“Todavía no concluye el proceso y ya hay voces de vacancia”, dijo Sánchez en una conferencia con medios internacionales, refiriéndose al proceso similar al impeachment que hay en Perú.

Sánchez dijo entonces que, si él resulta ganador, buscará promover una reforma para que en el Congreso ya no se pueda pedir vacancia mediante una acusación que, según algunos analistas, ha sido mal aprovechada: la de supuesta “incapacidad moral”.

Esta denuncia, que empezó emulando el voto de confianza de sistemas parlamentarios europeos, ha sido usada para sacar del poder a tres presidentes en los últimos años.

“Llamamos a parar esta inestabilidad. Perú no merece expandir esa crisis”, dijo Sánchez.

Fujimori también se refirió a las divisiones políticas en el país durante su evento de cierre de campaña esta semana.

Keiko Fujimori (centro) se ven en pantalla acompañada de sus hijas Kyara y Kaori durante un mítín de campaña el Lima, Perú, el 4 de junio de 2026.

“Esta elección nos va a permitir elegir el rumbo: si es que queremos avanzar en unidad o retroceder”, declaró la candidata, prometiendo “reconciliación”.

Entre las promesas de campaña de Fujimori está tener “mano dura” contra la delincuencia, siguiendo el ejemplo de su padre, al que algunos celebran por haber combatido al grupo Sendero Luminoso (al hacerlo su régimen cometió masacres, según los casos por los que fue sentenciado).

El mensaje de Fujimori parece estar haciendo especial eco para esta cuarta candidatura, pues en 2025 aumentó la tasa de homicidios de Perú, superando el 10% por cada 100,000 habitantes por primera vez en mucho tiempo.

Ante circunstancias similares en otros países latinoamericanos han avanzado candidatos de derecha con esas promesas de mano dura, como Nayib Bukele en El Salvador (donde tiene decretado un estado de emergencia desde hace cuatro años) o más recientemente el ultraderechista José Antonio Kast, que accedió a la presidencia chilena este año.

En Colombia, donde también es periodo electoral, uno de los dos candidatos encaminados a la segunda vuelta de finales de este mes es igualmente un hombre ultraderechista que ha expresado admiración hacia Bukele.

De cara a la votación en Perú de este domingo, hay también cuestionamientos hacia Fujimori por acusaciones de que usó a Fuerza Popular para extender la validación de los resultados en dos elecciones previas.

El candidato Sánchez prometió que él respetará el voto de los peruanos ya que se conozcan los resultados.

“Si ganamos, ese será el horizonte. Si no, respetaremos los resultados y sabremos aceptar con hidalguía democrática”, afirmó Sánchez el viernes a medios internacionales. “Instamos a Fujimori a hacer lo mismo”./NoticiasTelemundo