El Alto: ceremonia religiosa en el Jach’a Uta marca el inicio de la era del alcalde, Eliser Roca

Este lunes, tras su juramento, el alcalde Eliser Roca, llegó al edificio municipal Jach’a Uta acompañado de concejales y sus seres queridos, en medio de un recibimiento espontáneo de vecinos que se acercaron entre saludos, fotografías y palabras de aliento. Posteriormente se efectuó una misa en el hall que marcó el inicio simbólico de su gestión, donde no solo se pidió a Dios guía espiritual, sino también respuestas concretas a las demandas de la ciudad.

La misa se efectuó en el hall principal del Jach’a Uta, donde un párroco dirigió la eucaristía en un ambiente de respeto y solemnidad, además de buenos deseos para las flamantes autoridades.

Adornado con coronas de flores, Roca saludó a sus decenas de seguidores, entre ellos muchos vecinos llegados desde los 14 distritos municipales. Luego se dirigió al cuarto piso del edificio donde se encuentra el despacho del alcalde, mientras los pobladores coreaban: “¡Eliser! ¡Eliser! ¡Eliser!…”.

En una urbe como El Alto, atravesada por profundas necesidades, Roca representa una figura forjada desde abajo. Su trayectoria, marcada por la cercanía con la población, se refleja en el respaldo ciudadano que lo acompañó en sus primeros pasos como autoridad.

Los vecinos lo perciben como alguien que no emergió de la política tradicional, sino de la escucha activa, construida a lo largo de años recorriendo distritos y visibilizando las realidades de los sectores más necesitados gracias a su programa “Así Es Mi Pueblo”.

El nuevo alcalde asume el mando en un contexto complejo, una ciudad golpeada por deudas y múltiples carencias, pero sostenida por la expectativa de sus habitantes. Mientras las calles alteñas laten entre el frío y la esperanza, quienes lo rodearon en su ingreso al Jach’a Uta no solo buscaban una fotografía, sino también ser parte de un nuevo capítulo en la historia de la ciudad.

Ahora desde la silla municipal, Roca tiene el desafío de convertir esas expectativas en soluciones tangibles. Por ello, encomendó a Dios claridad para asumir la nueva tarea que la vida le deparó.