
Con la llegada de agosto, las calles de la ciudad de El Alto comienzan a impregnarse del aroma dulce del palo santo, el copal y el incienso. Para los habitantes de la urbe, este no es un mes cualquiera; es un tiempo sagrado, es tiempo de la Madre Tierra, el momento exacto en que la Pachamama «abre su boca» para recibir el agradecimiento y las peticiones de sus hijos a través de las tradicionales ofrendas o huajtas.
En los mercados populares y las ferias tradicionales de la ciudad, el movimiento se intensifica. Lanas de colores de llama y oveja, figuras de dulce conocidas como «misterios», nuez moscada, hojas de coca seleccionadas y resinas sagradas se exponen en los puestos, listos para armar las coloridas «mesas» que buscan atraer la salud, la prosperidad en los negocios y la protección familiar.

Para comprender el valor espiritual de este rito de reciprocidad, conversamos con la señora Elvira, una de las comerciantes de la tradicional «Chiflería Luz», ubicada en el Puente Río Seco y Costanera, quien nos explicó que esta costumbre es la máxima expresión de agradecimiento hacia la Madre Tierra.
“Estamos vendiendo las mesitas para la huajta a la Pachamama. Pasen por la tienda, hay todo completo: llamitas, mesitas, chanchitos, velas y todo lo necesario para realizar una buena ofrenda para la casa, el trabajo y el negocio”, señaló la señora Elvira.

Según detalla la experta del puesto, cada elemento que compone la mesa tiene un significado simbólico y espiritual profundo. Las figuras de dulce representan los anhelos de quien ofrenda (casas, autos, salud o dinero), mientras que la grasa de llama y el sullu (feto de llama) son el alimento central que se entrega con respeto al fuego sagrado, y existen alternativas para cada bolsillo y necesidad.
“Algunos hacen preparar mesas especiales, por ejemplo, los mineros. La mesa lleva koas, llamitas, incienso, copal, pan de oro, chancaca y canela. Tenemos toda la mesa completa y de todo precio”, detalló.

En una ciudad joven y pujante como El Alto, esta tradición andina no se pierde; al contrario, se dinamiza. Este mes generará un importante movimiento económico y de fe, porque en cada hogar alteño se ofrecerá una mesa de agradecimiento.
“La tradición es todo el mes; cualquier día pueden hacer pasar la mesa con mucho respeto. No es solo pedir, sino para agradecer a la Pachamama. La boca de la Madre Tierra está abierta por este mes y se debe agradecer en este tiempo en especial”, enfatizó la señora Elvira.

Cuando las llamas sagradas consuman las ofrendas y el humo ascienda hacia el cielo alteño, se habrá sellado una vez más el compromiso de convivencia armónica. Agosto arranca en El Alto con la esperanza renovada de un nuevo ciclo de abundancia, aromas ancestrales y bienestar para todos sus hogares.











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