* Con media hora inicial impecable, con un Oyarzabal estelar y un recuperado Lamine, la selección española valida la revolución de De la Fuente. Sometió al seleccionado saudà por 4-0.

España recupera el fútbol y la sonrisa. Con la contraseña que la llevó a reinar en Europa, la selección española, revolucionada en la alineación y el ánimo, derribó los miedos y destruyó a un rival débil, Arabia Saudà (4-0), en una media hora de máster. Con Lamine Yamal todo fue más fácil en un dÃa en el que Oyarzabal ofreció un recital.Â
La revolución era la actitud, un saco en el que entran el vértigo, el ritmo, el remate y el hambre. Tras el simulacro ante Cabo Verde, España rellenó por fin la inscripción del torneo y se colocó los neumáticos de Mundial. Arabia Saudà se encontró con un ciclón, con la campeona de Europa, la que asfixia sin balón y divierte con él. Es la diferencia entre jugar sin bujÃas y hacerlo picados, como habÃa advertido De la Fuente.

En el manantial de buenas noticias entra que Lamine Yamal y Oyarzabal sólo disputaron la primera mitad, la de la exhibición, para ahorrar sustos, sanatorios y partes médicos.
En cuanto el partido estornudó se vio cómo España construÃa un ejercicio de agresividad. Cabo Verde habÃa hecho pupa y ArabÃa SaudÃ, otra selección que no pisa pasarelas, lo iba a pagar. De la Fuente habÃa tomado decisiones. Dio entrada en el equipo titular a Pedro Porro, Dani Olmo, Baena y Lamine Yamal.

La revolución funcionó
Porro enseñaba el buen pie para los centros; Olmo, su capacidad para entrar en las trincheras del área sin pisar a nadie; Baena, su espÃritu de asociación; y Lamine Yamal es un agente desestabilizador. A la estrella se le ve en la alineación y cambian hasta los precios de la butaca.
Cuando comenzó la pelÃcula, de repente, el balón iba de una banda a otra subido en un cohete. No habÃa más de tres toques. ValÃa cualquier banda para herir a los saudÃes. Las llegadas al área se producÃan en avalancha. Sólo habÃa que esperar el primer gol. Y llegó.
Baena, en el sitio en el que aporta más que Gavi, conectó con Oyarzabal por la izquierda y este sacó un pincel para rasear el balón hasta el segundo palo en el que Lamine YamalÂse estiró y con él medio paÃs para hacer su primer gol en un Mundial. El paÃs surfeaba en el alivio cuando Lamine lo celebró de rodillas y se levantó con agilidad.

 Concierto de Oyarzabal
Era la apertura del concierto de Oyarzabal. El zurdo, además de su asistencia, hizo dos goles de rey de área, un Quini disfrazado al que le caÃan los balones por llevar imanes en las piernas. Un doblete y un remate al larguero remataban la gran primera parte española, disputada con un calambre colectivo.La pausa del dólar cortó un poco
terraceo, recuperaba la sonrisa. Arabia SaudÃ, una selección sin cromos cotizados, no es el termómetro ideal para medir el poderÃo español. Sin embargo, en estado de tristeza, España cumplió con el objetivo de presentar sus credenciales.

Todo lo que pasara después era el relleno del menú. Con Lamine y Oyarzabal en reposo, y los tres puntos en la mochila, España bajó el pistón. Cucurella remató un córner y una carambola llevó el balón a la red. La selección española estaba en uno de esos dÃas en los que se canta un bingo sin comprar un cartón.
Tocaba respirar y esperar el viernes a Uruguay. Tras el resbalón, la España de verdad ya está en el Mundial./Marca/Fotos:RRSS











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