Tensiones internas, cambios en política exterior y ajustes económicos postergados; así fue el mes de gobierno de Rodrigo Paz Pereira en Bolivia

* El inicio de la gestión mostró un cambio radical en las relaciones internacionales y una sensación de estabilidad económica sin abordar reformas estructurales. Sin embargo, los conflictos internos dominaron la agenda.

El presidente visitó la localidad de Achira, en Santa Cruz, tras el desastre causado por intensas lluvias

Ha pasado un mes desde la posesión de Rodrigo Paz en Bolivia. Las primeras semanas de su gestión han estado definidas por un giro radical en la política exterior, una sensación de estabilidad económica, algunas contradicciones con sus propuestas electorales que no han generado mayor controversia y un distanciamiento explícito con el vicepresidente que ha ocupado el centro del debate.

En sus primeras horas como presidente, Paz levantó las banderas de lo que sería la posición de su gobierno en política exterior: recibió a una delegación de Estados Unidos, país con el que no tiene relaciones desde 2008 tras la expulsión del embajador norteamericano en medio de acusaciones de conspiración; y de Israel, país al que Bolivia había confrontado en las grandes tribunas internacionales condenando los ataques en Gaza que calificó como un “genocidio”.

A pesar de ese viraje, el gobierno no ha roto relaciones con países como Cuba, Venezuela o Nicaragua, que eran aliados de los gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS). Bajo la consigna “Bolivia al mundo y el mundo a Bolivia”, el nuevo gobierno ha señalado que centrará las relaciones internacionales con países con los que comparte principios pero que no dejará de “dialogar” con otras naciones.

Paz saluda a Christopher Landau, subsecretario del Departamento de Estado de Estados Unidos

En lo económico, la confluencia de dos factores clave —la normalización del suministro de combustible y la caída en la cotización del dólar paralelo— ha provocado una sensación de estabilidad económica que algunos analistas califican como frágil y engañosa, porque no responde a reformas estructurales.

Sin asumir medidas de fondo, el Gobierno logró regularizar el suministro de diésel y gasolina que habían sido escasos en los últimos dos años y que simbolizaron la crisis económica del país, con filas interminables de vehículos en las estaciones de servicio y un consecuente impacto en los precios de la canasta familiar.

El alza en el dólar paralelo también dio una tregua. Varios analistas económicos señalan que se debe a una mayor oferta de dólares, expectativas de estabilidad tras el cambio político, disminución en la demanda especulativa y un mayor uso de criptomonedas.

Una fila de camiones espera para cargar combustible en Bolivia.

Sin embargo, el origen de la crisis es profundo y sigue intacto: tiene que ver con la caída sostenida de los ingresos por exportación de gas, que redujo la disponibilidad de divisas y debilitó las reservas internacionales. A ello se suma un déficit fiscal persistente de varios años, financiado mediante endeudamiento y presión sobre las reservas.

Las reformas económicas en el primer mes de Paz se han limitado a anunciar una reducción del gasto público en 2026 y a eliminar algunos impuestos, que representaban solo el 1% de la recaudación fiscal, pero que, según el Gobierno, generaban grandes perjuicios para los negocios y desincentivaban las inversiones.

En tanto, las medidas de fondo, que en lo inmediato pasan por liberar el tipo de cambio y levantar la subvención de los combustibles de manera gradual o no, fueron postergadas hasta marzo del próximo año, luego de que se realicen las elecciones autonómicas en las que se renovarán los poderes locales.

“Tienen el temor de que lanzando las medidas, que son bastante impopulares, antes de la elección, pierdan de manera estrepitosa lo territorial”, señala el analista y consultor en comunicación política, Carlos Saavedra.

Una mujer realiza compras en un mercado de La Paz, Bolivia.

Para el periodista y analista político Raúl Peñaranda, retrasar los ajustes hasta marzo es un error de estrategia porque el gobierno perderá el impulso que le da la legitimidad con la que arranca su gestión para enfrentar la reacción ante medidas sensibles.

“La eficiencia gubernamental actual es, paradójicamente, perjudicial, ya que da la errónea impresión de que no enfrentamos una situación crítica. En 2026, como es lógico para cualquier gobierno, la administración tendrá menos fuerza, legitimidad y credibilidad”, escribió en un artículo de opinión.

A lo largo de este mes, los críticos del Gobierno también observaron algunas contradicciones con las propuestas de su campaña, principalmente en relación a la dependencia del financiamiento externo.

Paz había insistido en la idea de que no era necesario endeudar más al país para recuperar la estabilidad y afirmó que había que “ordenar la casa” antes de salir a buscar más créditos bajo el lema de que “cuando la plata no se roba, alcanza”. Sin embargo, antes de su posesión viajó a Estados Unidos para negociar créditos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe-CAF y otras instancias.

Hasta ahora ha asegurado 550 millones de dólares de la CAF y se ha informado que existen negociaciones con otros organismos para acceder a más de 9.000 millones de dólares en los próximos años.

Rodrigo Paz, presidente de Bolivia, durante sus primeras semanas de gestión.

Este viraje en las decisiones, que estuvieron acompañadas de otros simbolismos conservadores como la restitución de elementos cristianos en las dependencias del Estado y la exclusión de las organizaciones sociales del gabinete, fue celebrado por sus detractores, que durante la campaña habían considerado a Paz un político de izquierda y afín al MAS.

“Estoy sorprendida gratamente, cuando ganó pensé que se acababa el mundo para Bolivia, pero se está haciendo asesorar bien y está con un buen equipo”, afirmó Paola Castro, estilista y madre de dos niños, que había votado por su adversario en el balotaje esperando un cambio radical.

El nuevo gobierno también se ha involucrado con élites empresariales y agroindustriales, a quienes ha incluido en la columna vertebral del Ejecutivo y les ha confiado la gestión de temas tan importantes como sensibles como son el medioambiente, el agua y la planificación del desarrollo; en medio de controversia por el sospechoso conflicto de intereses.

Sin embargo, lo que más ruido provocó en el arranque del nuevo gobierno fueron las disputas con el vicepresidente Edmand Lara, quien ha criticado públicamente algunas decisiones del Gobierno y ha logrado centrar la atención pública en los desacuerdos internos llegando al insulto: llamó “mentiroso” y “cínico” al presidente./Infobae